Un trabajador condenado a muerte por un solo comentario de Facebook que ya había borrado. Dos bangladesíes decapitados en La Meca por actos que Riad ni siquiera ha descrito. Arabia Saudí mata en nombre del islam con leyes que Allah no creó.
En pocas semanas, Arabia Saudí volvió a mostrar al mundo la peor cara que se le puede poner al islam. No la de la misericordia que Allah describe al presentarse como al-Raḥmān y al-Raḥīm, sino la de un aparato judicial que reparte la muerte a su antojo y la viste con el nombre de la šarīʿa.
Condenado a muerte por un comentario de Facebook
Anojan Sivarasa tiene 24 años. Es un ingeniero tamil de Sri Lanka que llegó a Arabia Saudí en 2025 para trabajar en una fábrica de baterías. El 28 de junio, en medio de una discusión en Facebook sobre un video, supuestamente escribió en tamil un comentario presuntamente ofensivo hacia el Profeta Muḥammad ﷺ. Luego borró lo que había escrito y publicó un video pidiendo perdón. Fue tarde: alguien afirmó haber tomado las capturas de pantalla de la supuesta ofensa de la que se le acusa y se las envió a su patrón, que lo denunció.
Lo que siguió fue una ruleta. El 27 de julio, un tribunal de Al-Ahsa lo condenó a cinco años de prisión y a una multa de tres millones de riales bajo la ley de delitos cibernéticos. La fiscalía no quedó conforme y pidió juzgarlo «conforme a la šarīʿa». El 17 de septiembre, la Corte de Apelaciones de la Región Oriental cambió la pena a muerte, según Human Rights Watch. El 5 de octubre, otro preso lo atacó en la cárcel y lo hirió en la cabeza y el rostro.
Todo por un comentario en Facebook. Ya borrado y con una disculpa pública. El 14 de octubre, el gobierno de Sri Lanka anunció que la Corte Suprema saudí anuló la sentencia de muerte, aunque no se sabe cuánto tiempo más seguirá preso. Su vida pasó de cinco años de cárcel a la horca y de vuelta, en apenas tres meses, según el humor de fiscales y jueces. Eso no es justicia de Allah: es arbitrariedad.
Decapitados en La Meca sin que nadie sepa por qué
El segundo caso no tuvo final feliz. El 14 de octubre, Arabia Saudí ejecutó a dos ciudadanos de Bangladesh, Nazrul Islam y una mujer a quien el Ministerio del Interior saudí llama Siti Akhtar y su familia Sweety Akter. Según Riad, cometieron «actos inmorales y obscenos» en una mezquita de La Meca. En redes sociales circuló la versión de que eran una pareja de recién casados que solo se dio un beso en la frente. Las autoridades saudíes no han dicho qué hicieron exactamente: no publicaron la sentencia ni describieron los hechos.
Lo que sí se sabe es estremecedor. Nazrul llegó a La Meca en 2022 a trabajar como afanador. Según su madre, lo detuvieron camino al trabajo, no hablaba árabe y nunca pudo explicar su inocencia. Pasó más de tres años preso. La familia creía que saldría tras cumplir cinco años; nadie les avisó de la ejecución. Su tía murió de un infarto la misma noche en que se enteró. Su madre solo pide que le devuelvan el cuerpo para «tocarlo por última vez». Ni siquiera el gobierno de Bangladesh fue notificado, y su canciller exigió explicaciones a Riad.
Una pena de muerte que no viene de Allah
Hay un detalle que lo dice todo. Según el propio Ministerio del Interior saudí, a los dos bangladesíes los condenaron a muerte por taʿzīr. No por un ḥadd, es decir, no por una pena que Allah o Su Mensajero ﷺ hayan fijado, sino por la decisión discrecional de un juez. En otras palabras: Allah no ordenó esa muerte; la inventó un tribunal.
El imām Ibn Ḥazm de Córdoba, en el Kitāb al-ḥudūd de al-Muḥallá, explica que las penas fijadas por Allah y Su Mensajero son solo siete (masʾala 2299). Todo lo demás es taʿzīr, una simple corrección, y tiene un límite claro: diez latigazos (masʾala 2309). Se apoya en el ḥadīṯ que transmite al-Bujārī:
لا يجلد فوق عشر جلدات إلا في حد من حدود الله تعالى — No se dan más de diez azotes, salvo en una de las penas fijadas por Allah, el Altísimo.
— al-Bujārī, por Abū Burda
Para Ibn Ḥazm este ḥadīṯ es «un bayān claro que a nadie le es lícito rebasar». Por eso rechaza que el gobernante castigue sin límite y cita casos de la historia en que un taʿzīr desmedido terminó en muerte, incluso de un hombre que resultó inocente. Si el taʿzīr no puede pasar de diez latigazos, ¿con qué autoridad un tribunal convierte una corrección en una decapitación?
La sangre es sagrada
La regla general en el islam es que matar está prohibido. Solo es lícito cuando Allah o Su Mensajero ﷺ lo han establecido expresamente. El Profeta ﷺ lo dejó claro:
لا يحل دم امرئ مسلم يشهد أن لا إله إلا الله وأني رسول الله إلا بإحدى ثلاث: الثيب الزاني، والنفس بالنفس، والتارك لدينه المفارق للجماعة — No es lícita la sangre de un musulmán que atestigua que no hay dios sino Allah y que yo soy el Mensajero de Allah, salvo en uno de tres casos: el casado que comete adulterio, la vida por la vida, y quien abandona su religión apartándose de la comunidad.
— al-Bujārī y Muslim
Nazrul pronunciaba la šahāda. Su sangre estaba protegida por el Mensajero de Allah ﷺ, y ningún juez tiene autoridad para añadir una cuarta causa a las tres que él enumeró. Y la vida de quien no es musulmán tampoco es desechable: «No maten a la persona que Allah ha hecho sagrada, salvo con derecho» (Corán 6:151).
Legislar lo que Allah no legisló
Aquí está lo más grave. Quien inventa penas que Allah no creó y las impone en Su nombre no solo comete una injusticia: se pone en el lugar del Legislador. El Corán lo denuncia con dureza:
أم لهم شركاء شرعوا لهم من الدين ما لم يأذن به الله — ¿Acaso tienen asociados que les han legislado en la religión lo que Allah no ha permitido?
— Corán 42:21
Decretar la muerte por taʿzīr es exactamente eso: legislar en la religión lo que Allah no permitió. Y eso se acerca peligrosamente al kufr, porque convierte la opinión de un hombre en ley divina. Es la gran paradoja del wahabismo: la corriente que acusa de širk a los sufíes por visitar la tumba de un santo es la misma que se arroga el derecho de dictar penas de muerte que Allah nunca prescribió.
Según Human Rights Watch, Arabia Saudí ejecutó a por lo menos 356 personas en 2025, una cifra récord. Cada una de esas ejecuciones se presenta ante el mundo como «la ley islámica». Así, mientras Riad se proclama guardián de las dos Mezquitas Sagradas, millones de personas aprenden a asociar el islam con verdugos y no con la misericordia del Profeta ﷺ, a quien Allah envió «como misericordia para los mundos» (Corán 21:107).
Nuestra fidelidad no es con ningún trono, sino con Allah y Su Mensajero ﷺ. Y por fidelidad a ellos decimos con claridad: lo que ocurre en esos tribunales no es la šarīʿa.
Que Allah tenga misericordia de Nazrul y de Sweety, consuele a sus familias, libere a Anojan y proteja Su religión de quienes la usan para derramar sangre.
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Fuentes
- Human Rights Watch (Mirage News) — Saudi Arabia sentences man to death over Facebook post
- ThePrint — Saudi top court sets aside Sri Lankan engineer's death sentence
- Amnistía Internacional — Saudi Arabia: overturn death sentence against Sri Lankan migrant worker
- The Business Standard — Family denies Saudi-executed Nazrul was newly married to Sweety
- Muslim News Nigeria — Did Saudi Arabia execute a Bangladeshi couple for kissing in a mosque in Makkah?
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